El pasado viernes 23 de octubre, el Auditori Teulada Moraira acogió la tercera edición del Premio Internacional a la Educación Vicent Berenguer, un reconocimiento que nació para mantener vivo el legado del misionero teuladino y su compromiso con la educación de los niños y niñas que menos oportunidades tienen. Este año tuve la suerte de formar parte de la noche de una forma muy especial, y quería contártelo aquí.
36.000 euros para educar en Mozambique y Nepal
En esta edición, el jurado decidió repartir los 36.000 euros del premio a partes iguales entre dos proyectos:
- Fundación África Directo (Mozambique): rehabilitará un antiguo pabellón de la misión de Fonte Boa, en la provincia de Tete, para convertirlo en una escuela de educación preescolar con tres aulas, comedor y cocina. Atenderá a unos 250 niños y niñas de entre tres y cinco años, y además permitirá que sus familias dispongan de más tiempo para trabajar el campo.
- Familia de Hetauda (Nepal): ampliará el centro ocupacional Asha, donde jóvenes con discapacidad intelectual podrán formarse, recibir fisioterapia y aprender un oficio que les abra la puerta a una vida más autónoma.
Recogieron los galardones María Arrizabalaga, en representación de África Directo, y Aina Barca, fundadora y presidenta de Familia de Hetauda, cuya intervención —contando cómo hace 14 años le dijeron en Nepal que aquellos niños «nunca podrían aprender»— fue de los momentos que más removieron al público.

Una noche con música y con memoria
La gala la condujo Mabel Ferrando y estuvo acompañada por la voz del tenor José Monfort, con Sonia Vallés al piano. Hubo intervenciones del jurado, del embajador de esta edición, Juan Pablo Signes, que defendió la educación como «la herramienta más revolucionaria», y del Ayuntamiento de Teulada.
Pero si algo atravesó toda la noche fue el recuerdo de Vicent Berenguer, que falleció el 21 de octubre de 2025, apenas dos días antes de cumplirse un año de la gala. El presidente de la asociación, Antonio Monfort, recordó el mensaje que el misionero dejó a su equipo: «No os canséis. Continuad trabajando por aquellos que tanto lo necesitan».
El Árbol de la Esperanza, la Unión y la Solidaridad
Uno de los momentos más emotivos fue el homenaje a la familia de Vicent Berenguer. La asociación le entregó el Árbol de la Esperanza, la Unión y la Solidaridad, una pieza que tuve el honor de crear desde mi taller de Gata de Gorgos.
La idea partía del árbol de la vida: unas raíces firmes y unas ramas que se abren hacia fuera, como símbolo de lo que Vicent sembró —educación, fe, familia y compromiso— y de todo lo que sigue creciendo a partir de ahí. Ver a su hermana recibirlo, emocionada, es de esas cosas que dan sentido a lo que hago: cuando una pieza se diseña desde cero para una persona y una historia concretas, deja de ser un objeto y pasa a ser un recuerdo.




La gala también sirvió para estrenar el nuevo trofeo oficial del premio, obra del artista Josep Ginestar, vicepresidente de la asociación: una escultura de la mano de un adulto protegiendo la de un niño, que acompañará al premio en las próximas ediciones.
86.000 euros en tres años, y lo que queda por hacer
El premio empezó en 2024 con 20.000 euros, subió a 30.000 en 2025 y ha llegado este año a 36.000. En total, 86.000 euros para seis proyectos educativos en Benín, Camerún, Sierra Leona, Mozambique y Nepal, financiados no por una gran corporación sino por empresas, instituciones y personas de la Marina Alta.
Por eso me hace especial ilusión haber aportado mi granito de arena. Si quieres conocer más sobre el premio o colaborar con la próxima edición, puedes leer la crónica oficial de la asociación Vicent Berenguer y el reportaje completo de Teulada Moraira Digital.
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